17 de diciembre: Oh Sapientia

Oh Sabiduría, que saliste de la boca del Altísimo, extendiéndote desde un confín hasta el otro, disponiendo todas las cosas con firmeza y suavidad: Ven a enseñarnos el camino de la prudencia.

Con este título “Sabiduría que saliste de la boca del Altísimo” (Eclesiástico 24,3) el autor de esta primera antífona identifica a Cristo con la Sabiduría de Eclesiástico 24,3. El texto continúa indicando que la Sabiduría también estaba en la nube que guiaba a Israel en el desierto (Eclo 24,4) y un poco más adelante la misma Sabiduría cuenta cómo el Creador le dio una orden de habitar en Israel (v.8). Hay un movimiento descendente de la Sabiduría: baja de lo alto hacia lo bajo, viene del cielo a la tierra y está cada vez más cercana a su pueblo.

Jesús cumple la misma función que la Sabiduría del Antiguo Testamento. Él, que estaba junto a Dios y que hizo todas las cosas (Juan 1,3) desciende del cielo y pone su morada entre nosotros (“La Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros” Juan 1,14). Jesús desciende del cielo para estar cerca de los hombres y enseñarnos la prudencia.

En esta antífona reconocemos que detrás de los designios misteriosos de Dios está su gran sabiduría y amor. Él abarca todos los tiempos y lugares y “combina, según los momentos y las circunstancias, el rigor con la dulzura, mostrando firmeza de Maestro y afecto de Padre” (cfr. Regla de San Benito 2,24).