22 de diciembre: Oh Rex Gentium

22 de diciembre: Oh Rex Gentium

Oh rey de los pueblos, deseado de las naciones, piedra angular, que haces de los dos un solo pueblos: ven y salva al hombre que formaste del barro.

La imagen de Cristo como rey es una imagen bellísima. En la liturgia del Adviento aparece mucho: “Ante el imperio de tu poder toda la creación se arrodilla” (Himno Conditor alme 4). El seno de la Virgen es llamado “palacio purísimo” (Veni redemptor, 4). “Mirad que viene el Señor, Rey de los reyes de la tierra” (Cantamos el 1er Domingo de Adviento). “Jerusalén, alza tus ojos y mira el poder de tu Rey, él mismo viene a salvarnos” (Lunes: Ant. Benedictus de la 1era semana de Adviento).

La última fiesta del Año litúrgico, antes de empezar el Adviento, celebra a Cristo como rey de universo. San Benito en el Prólogo de su Regla nos dice que los monjes son aquellos que han renunciado a sus propias voluntades para servir al Verdadero Rey, Cristo, el Señor (RB Pról. 3). Cristo viene para abrirnos las puertas de su reino y hacer entrar allí a todas las naciones. Cristo quiere reinar en el corazón de todos los hombres y todos los pueblos. “Su reino es un reino eterno, su gobierno de edad en edad”. El reino de Cristo es un reino de amor, de justicia y de paz y en ese sentido se convierte en el “Deseado de las naciones”. Estos dos títulos con los que llamamos a Jesús: “Rey” y “Deseado” tienen un carácter universal: de las naciones. Todos los pueblos formarán un solo pueblo porque tendrán un solo Rey y este rey será su “Tesoro”, su “Deseado”, el que esperaban.

Jesús hace la unidad por medio de su muerte. En el Templo de Jerusalén había dos partes divididas por medio de un muro que dividía a los judíos de los paganos, los paganos debían quedarse afuera del Templo, no podían participar de los actos religiosos. Nosotros somos paganos, y Jesús por medio de la Cruz derribó ese muro y nos dio acceso al Nuevo Templo que es Él mismo. Así Él es nuestra Paz y la Piedra angular de ese nuevo Templo al que tienen acceso todas las naciones y pueblos.

 

Ageo, un profeta del Antiguo Testamento, anunció la llegada de este “Deseado de las Naciones”: “Llegará el Deseado de todas las naciones y llenaré de gloria esta Casa, este Templo”. De hecho, cuando Jesús, recién nacido, es presentado en el Templo, Simeón lo toma en sus brazos y dice que Jesús es la “Luz para iluminar a las naciones”. Jesús es el Nuevo Templo que “crea, de los dos, un solo Hombre nuevo, haciendo la paz, por medio de la Cruz”. Jesús es el Hombre Nuevo, el Nuevo Adán, que viene a remodelar al antiguo Adán, que somos nosotros.

En esta antífona le pedimos que venga para volver a plasmarnos, a re-crearnos, a hacer de nosotros nuevas creaturas.