ASPECTOS FUNDAMENTALES EN LA HISTORIA DE LA cONGREGACIÓN DE LAS HERMANAS DOMINICAS DE SANTA CATALINA DE SIENA DE AREMBERG EN BOLIVIA

Partiendo como introducción podemos mencionar que, en los conventos de la Segunda Orden, que eran muy numerosos en Alemania, no faltaban gestos bellos en la vida de las hermanas que se dedicaban al servicio de sus hermanas enfermas. Llevar a cabo esta tarea con extraños les era imposible por su clausura. De las terciarias alemanas, una u otra debieron ocuparse del cuidado de los enfermos. No se encuentra antes del siglo XIX, ni una sola Congregación que se dedicase solo íntegramente a estas obras de caridad. Tampoco las dominicas en Alemania se ocuparon del cuidado de los niños pobres y desamparados. El haber puesto las ramas del amor misericordioso en la labor generosa de la Orden Dominica en Alemania, y de esta manera de haberle dado esta tarea a la Congregación, aumentando en esto su desarrollo, es mérito de la Madre Cherubine Willimann,

Nació el 12 de marzo de 1842 en Rickenbach un cantón de Lucerna del país de Suiza, en un hogar muy religioso, al nacer era una niña muy débil por eso al otro día de nacida fue bautizada en la capilla del pueblo recibiendo el nombre de Anna Maria Josefa, sus padres eran Louis Willimann y Elisabeth Steiger.

Más tarde Dios les regalo a los piadosos padres otras niñas, Maria Kunigunde y Anna. Josefa creció en las condiciones rurales más simples, ella tuvo los mejores ejemplos en el padre serio y trabajador y en la madre profundamente creyente y las compañeras de juegos más queridas, eran sus hermanas.

Desde temprana edad las niñas también tuvieron que ayudar en el trabajo de casa, granja y campo, por ser la mayor, Josefa era la más sacrificada.

En su familia se vivió la alegría propia de un hogar bien constituido. Disfruto de las risas de sus tres hermanas, de la ternura de la menor de ellas que nació cuando Josefa tenía unos 10 años, pero conoció también el trabajo duro que tiene que soportar toda familia que no nace en la abundancia y, sobre todo conoció el sufrimiento: La muerte de su hermana menor la pequeña Annelie a la edad de cuatro años a los diez días después la muerte de su padre; cinco años más tarde la de su madre. Es demasiado para una persona a quien se cataloga de débil. Toda esta debilidad se convirtió en fuerza de Dios, porque la asumió y vivió bajo el manto de la providencia, su noble y acogedor espíritu aprendió como se deben sentir los pobres, enfermos e indefensos.

Josefa después dela muerte de su madre, fue invitada por sus dos hermanas y sus superioras a visitar el convento Dominico de Sankt Peter auf dem bach de Schwyz. Allí estaban sus dos hermanas Maria y Kunigunde quien murió allí joven.

El año 1834, Johann Baptis Krauss. Párroco de Bendorf, fue transferido a la parroquia de Arenberg, lugar encantador, la naturaleza entera le inspira al hombre a la vida espiritual, el verde los abetos, el cielo azul, abajo el majestuoso Rin, el Padre Krauss sentía el llamado a la naturaleza cuando iba de Arenberg a Immendorfy y de ImmendorfyaArenberg, para reforzar este llamado a sus feligreses y sobre todo en los numeroso visitantes, el dedicado párroco decidió adornar la región despoblada entre los dos pueblos con representaciones de la vida de y martirio del Salvador y de su bendita Madre. El año 1845 comenzó con la edificación de la gruta de la agonía en el monte de los olivos, le siguió en 1848 la capilla del Redentor, a los que se sumó el primer calvario, las 7 estaciones y poco a poco los otros lugares sagrados, en 1860, llevó a cabo la construcción de la nueva y magnífica iglesia.

El padre Krauss pensó coronar su obra con un convento de hombres. En este, los visitantes podrían tener la oportunidad de fortalecer las buenas impresiones y los estímulos, mediante la recepción de los sacramentos. Se hicieron muchas negociaciones para realizar esta fundación, pero todas las congregaciones con las que le padre contactaba, para este asunto rechazaban la propuesta después de estudiarla a fondo. Habiendo desaparecido la perspectiva de fundar un convento de hombres, el Padre Krauss pensó en llamar hermanas, y mientras más pensaba sobre esto, más adecuada le parecía la solución de la cuestión tantas veces discutida. ¿Quién barrerá y limpiará toda la suciedad de la iglesia que el día anterior fu llevada distraídamente por cientos o miles de visitantes? ¿Quién va estar limpiando los millones de partículas de polvo que entran a la casa de Dios y se asientan sobre los miles de piedritas destellantes y resplandecientes, y cepillando tantísimos rincones entre las piedras? ¿Quién va mantener los altares, cuadros, instrumentos, siempre frescos y relucientes? ¿Quién va mantener siempre limpio el parque, el camino, grutas, estatuas y columnitas? El Padre comprendió que esto lo iban hacer mejor las manos habilosas de mujeres, pero aquellas mujeres que no esperaban pago, tampoco las que lo hicieran por mera obligación, si no que limpiarían y adornarían la casa del Señor con amor misericordioso.

La parroquia no contaba también con el personal necesario para el cuidado de pobres y enfermos, la fundación de religiosas le brindaría ventaja ya que las hermanas podrían ocuparse de las obras de amor a los necesitados. Es que así en el 1865 en un congreso en Treveris el Padre Krauss., le presentó su deseo al confesor de las dominicas en Schwyz el Rector Káiser, animado por el rector, el padre se dirigió a la priora del Convento y le manifestó su deseo, de mandar algunas hermanas, por unos años a Arenberg, para fundar allí un convento de la Tercera Orden de la Penitencia de Santo Domingo.

La carta del párroco irrumpió como una bomba en la antigua y silenciosa casa en Schwyz, con la noticia de que se requerían hermanas para Arenberg, todas las hermanas gritaron a la vez, cualquier cosa menos ir donde los prusianos, esos caníbales nos van a matar. No queremos ir allá. El plan parecía fracasar.  Las dificultades eran demasiadas.

En Schwyz se cumplió la segunda regla, las obras caritativas y los trabajos en el parque sólo permitían la tercera regla en el Arenberg. La priora rechazó. El padre Krauss tomó el tren y fue a Schwyz, para insistir personalmente sobre su plan, Josefina (Madre Cherubine) tuvo que servirle, el padre en su amabilidad le regaló los panes que le habían sobrado de sus provisiones de viaje, Josefina se lo entregó a la priora con el comentario “Madre mire que pan tan feo comen los prusianos, es completamente negro” “Que gente horrible” los panes negros pasaron de mano en mano, y no pudiendo resistir partieron un pedacito para probarlo con mucho cuidado, y todas expresaron después de probarlo “pero no sabe tan mal” El padre Krauss logró su objetivo. La superiora aceptó y el Nuncio Papal Bianchi permitió que las hermanas Hayzintha Bucher y Aloisia Ruber fueran por cuatro años a Arenberg para fundar allí un convento de la Tercera Orden de Santo Domingo, después de este tiempo deberían regresar a Schwyz. Como tarea establecida para la fundación las hermanas debían.

Establecer un colegio particular de niñas para ciclo básica y crear un internado.

†  Dedicarse al cuidado ambulante de los enfermos en la parroquia.

†  Limpiar la Iglesia y las grutas del calvario.

†  Hacer diariamente una oración en la llamada capilla de la Pasión o rezar el Vía Crucis con la gente.

Pero sólo cuando Josefina se hizo cargo de la dirección de las hermanas se pudieron llevar a práctica las obras de caridad del primer y segundo punto.

Ambas hermanas Hayzintha Bucher y Aloisia Ruber partieron en 8 de abril de 1868 y llegaron el 10 de mismo mes a Arenberg, ya las esperaban dos candidatas y el 16 de junio llegó de Schwyz Josefina Willimann, como postulante.

El pequeño convento estaba habito por seis personas quienes desde el principio se esforzaron en llevar una verdadera vida de convento. Había trabajo de sobra, ya que el padre Krauss imponía grandes exigencias, no obstante, las hermanas y candidatas emprendieron gozosas el trabajo.

El deseo de Josefina de vestir el hábito se cumplió el 02 de julio de 1868 y tomó el nombre de Hna. Ma. Cherubine, y el 17 de agosto de 1869 hizo los votos. El buen padre Krauss tenía su lema “trabajo también es oración” le hubiese gustado que las hermanas hubiesen estado ocupadas desde las primeras horas de la mañana hasta muy tarde en la noche, pero las hermanas remarcaban más en la oración, esto originó los primeros roces.

Cuando estalló la guerra de Francia y Alemania el año 1870, el padre Krauss se apuró en preparar la partida de las hermanas del Arenberg. Es así que en agosto de ese año las hermanas Cherubine y Rosa regresaron a Suiza. La partida del Arenberg no le resultó fácil a la madre Cherubine, pero regresó a Schwyz con la creencia que le Padre Krauss lo había dispuesto así.

En Arenberg se quedaron cuatro hermanas, muy pronto se vio que las cuatro no eran capaces de mantener el convento, y el 25 de enero del 1871 sólo quedaba una hermana. El padre se esforzó en conseguir el retorno de las hermanas al Arenberg, pero una de ellas dejó el convento de Schwyz, otro ingreso a un convento belga, la Madre Cherubine la única disponible sólo quería cumplir la voluntad de Dios. De las muchas correspondencias se deduce que algunos malentendidos jugaron un rol en la partida. Hna. Cherubine estaba convencida que le Padre Krauss había ordenado su partida de Arenberg. El padre por su parte pensaba que las hermanas se habían ido a Schwyz para arruinar el conventito en Arenberg. Las hermanas en Schwyz sentían simpatía por la empresa en Arenberg, pero pensaban que no debían mandar de vuelta sola a la Madre Cherubine, pero una feliz coincidencia trajo la solución al difícil caso.

De Francia tuvieron que huir las religiosas extranjeras. La Madre Gundisalva llegó a Schwyz, donde la superiora habló con ella sobre el asunto de Arenberg, y es así que el 03 de febrero de 1871 arribaron a Arenberg, el recuentro del Padre Krauss con la Madre Cherubine fue feliz, él la apreciaba mucho, un lazo de mutua confianza unió a estas dos nobles almas desde ese momento.

La fundación de Arenberg estuvo a salvo, la labor de amor a los necesitados podía ser encarada.

La Madre Gundisalva fue nombrada Superiora, y la hermana Cherubine destinada a ser Subpriora, con el tiempo regresaron dos hermanas que se fueron por motivos de la guerra e ingresaron nuevas postulantes de esa manera se formó en poco tiempo una considerable comunidad.

En la vida de las hermanas de Arenberg el conflicto político-religioso causó grandes fastidios, desde 1874 no podían hacer más los votos, el Padre Krauss tomó en su casa en el mayor silencio los votos de tres novicias, pero eso no se podía arriesgar a menudo, los dominicos alemanes se habían ido al pueblo fronterizo holandés de Venlo y les aconsejaron a las hermanas una fundación similar, con su apoyo se adecuo un castillo antiguo de Winkelsteeg, allí las hermanas debían hacer el noviciado para regresar después a Alemania. La Madre Gundisalva se trasladó el 27 de febrero de 1879 con las candidatas. En Arenberg la pobreza era grande, en Winkelsteeg, las hermanas se hubiesen muerto de hambre si el padre Segers no se hubiese apiadado de ellas, el venía a diario a celebrar la misa y tenía los bolsillos llenos de panes, con muchos sacrificios personales, veló por las necesidades físicas y espirituales de las pobres religiosas. Como en Winkelsteeg, no había ninguna forma de hacer labor caritativa, fue transferida transferidas el 24 de septiembre de 1881 a Venlo, es así que las hermanas Gundisalva y otras optaron por la segunda orden, ya que tampoco había la posibilidad de realizar obras de caridad.

La madre Cherubine llevaba, en ese entonces, una carga pesada, como Subpriora estaba a la cabeza del convento en Arenberg, pero la Madre Gundisalva era la verdadera priora, ella iba de tiempo en tiempo hacia allá inspeccionaba, ordenaba, llamaba la atención y castigaba y regresaba otra vez a Holanda. Para los grandes planes que se trazaban en Venlo no se contaba con la Madre Cherubine por su débil constitución, ella sabía que era my débil y le dolía que la priora aspirara a una vida de plenitud superior con las hermanas más jóvenes y omitía completamente a la supriora. La Madre Cherubine aceptó en silencio sin amargura y sin reproches.

El noviciado en el extranjero no fue necesario el conflicto político religioso se había terminado. La madre Gundisalva se quedó en Holanda con cuatro hermanas, otras dos regresaron a Alemania. La Madre Cherubine fue designada Priora de Arenberg por el Obispo Korun, el 19 de mayo de 1885.

Cuando la madre Cherubine dirigía el convento como Subpriora, ya desarrollaba algo acorde a su espíritu, el plan inicial de realizar obras de amor a los necesitados fue llevado a cabo, ella misma inicio la atención ambulante a los enfermos, con el tiempo gracias a la labor de la Madre Cherubine, el convento se había convertido en una casa donde se practicaba el amor a los enfermos y a niños pobres. La separación de Marienthal de Arenberg por el obispo korun fue el motivo para que la hasta entonces Subpriora pasara a ser la verdadera Fundadora de la Congregación de las Dominicas de Arenberg.

No pueden ser consideradas las dos madres de Schwyz, que sólo estuvieron allí pocos años, para después volver a Suiza; tampoco la madre Gundisalva le corresponde este honor, pues ella nunca perteneció legalmente a la Congregación. Ella era miembro de la Congregación de Bonnay hasta que se adoptaran en Marienthal la segunda orden. De las primeras hermanas que recibieron el hábito en Arenberg y que hicieron allí sus votos, solamente fue Cherubine quien fielmente siguió allí. Ella, la última más humilde, fue destinada a la más alta tarea de darle a la pequeña comunidad un ordenamiento interno seguro y un desarrollo externo; ella sería la verdadera fundadora de la labor de amor a los necesitados.

Funda la congregación en Arenberg, Alemania en 1868, con la meta más grande, de la entrega a los demás, en el servicio espiritual y material, siempre dispuesta y obediente a la voluntad de Dios; La Madre Cherubine es, en una palabra, la incorporación del genuino amor a los necesitados.

El 18 de diciembre de 1914 expiró dulcemente en el Señor, durante muchos años, fue priora en Arenberg, los logros para la Congregación, riqueza de méritos en su humilde vida constituyen el florecimiento de la casa matriz.

La culminación de este amor hubiera sido para ella, poder enviar hermanas de Misión a China. Este anhelo alumbraba como una luz radiante los últimos años de su vida. Pero la realización le fue negada. Después de 50 años de su muerte se cumplió su gran deseo, cinco hermanas misioneras llegaron a Bolivia, los que la Madre Cherubine había sembrado por su oración, renuncia y entrega amorosa a la voluntad de Dios daba fruto.

Hermanas bolivianas y alemanas, hijas de su venerada y querida Madre Ma. Cherubine, procuraban vivir el carisma del “AMOR QUE SANA”. Amor que se manifiesta especialmente donde la enfermedad y la debilidad, la miseria espiritual y corporal claman ayuda.

 

Su recuerdo será por siempre bendito en toda la congregación, Que Dios le dé merecida recompensa en el cielo, Sus restos terrenales fueron enterrados en la capilla del rosario de nuestro cementerio de Arenberg.

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