Tiempo de Adviento

El tiempo de Navidad, al igual que la Pascua, también está precedido de un tiempo de preparación. El adviento comprende las cuatro semanas antes de la Navidad, es tiempo de preparación, esperanza y arrepentimiento de nuestros pecados para la llegada del Señor, nos preparamos para la navidad y la segunda venida de Cristo al mundo, cuando volverá como Rey de todo el Universo, es un tiempo en el que podemos revisar cómo ha sido nuestra vida espiritual, nuestra vida en relación con Dios y convertirnos de nuevo, tiempo en el que podemos hacer un plan de vida para mejorar como personas.

Es un período privilegiado para los cristianos ya que nos invita a recordar el pasado, nos impulsa a vivir el presente y a preparar el futuro.

 

Esta es su triple finalidad:


v Recordar el pasado: Celebrar y contemplar el nacimiento de Jesús en Belén. El Señor ya vino y nació en Belén. Esta fue su venida en la carne, lleno de humildad y pobreza. Vino como uno de nosotros, hombre entre los hombres. Esta fue su primera venida.


v Vivir el presente: Se trata de vivir en el presente de nuestra vida diaria la “presencia de Jesucristo” en nosotros y, por nosotros, en el mundo. Vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos del Señor, en la justicia y en el amor.

v Preparar el futuro: Se trata de prepararnos para la Parusía o segunda venida de Jesucristo en la “majestad de su gloria”. Entonces vendrá como Señor y como Juez de todas las naciones, y premiará con el Cielo a los que han creído en Él; vivido como hijos fieles del Padre y hermanos buenos de los demás. Esperamos su venida gloriosa que nos traerá la salvación y la vida eterna sin sufrimientos.

Con el Adviento comenzamos un tiempo litúrgico en el que se celebra el advenimiento del Señor Jesucristo. Pero mientras que en el tiempo de Navidad contemplamos el misterio del Verbo hecho carne, el Adviento tiene como objetivo hacernos elevar la mirada hacia el futuro, en la espera de su retorno glorioso al fin de los tiempos.

La Liturgia

Las lecturas, las oraciones y los cantos subrayan el doble carácter del tiempo de Adviento. La primera parte (que llega hasta el 16 de diciembre), resalta sobre todo la segunda venida de Cristo. Se encuentra así en continuidad con el final del Tiempo ordinario, que culmina con la solemnidad de Jesucristo, Rey del universo. Los ocho últimos días del Adviento, del 17 al 24 de diciembre, están orientados expresamente a la primera venida, el nacimiento del Señor. Así, en la Misa de la noche del 24 de diciembre, el paso entre el Adviento y la Navidad es casi imperceptible.

Toda la liturgia del Adviento encuentra su síntesis en los dos prefacios de este tiempo. El primero da gracias que el Señor “que vino por primera vez en la humildad de nuestra carne” y anuncia que vendrá “por segunda vez en el esplendor de su grandeza”, mientras que el segundo, dicho del 17 al 24 de diciembre, evoca a los profetas, la Virgen maría y Juan Bautista, para “preparar con alegría el misterio del nacimiento” del Salvador. (cf. Pierre Jounel, Missel du dimanche)

      17 de diciembre, O ’Sapientia (que significa O Sabiduría), de Isaías 11, 2-3.
18 de diciembre, O ’Adonaí (Oh Señor o Gobernante), 11, 4-5 y 33,22.
19 de diciembre, O ’Radix (O Raiz de Jesé), 11, 1.
20 de diciembre, O ’Clavis (Oh Llave de David), 22,2.
21 de diciembre, O ’Oriens (Oh Amanecer Radiante), 9, 1.
22 de diciembre, O ’Rex Gentium (Oh Rey de las Naciones), 2, 4.
23 de diciembre, O ’Emmanuel (Oh Dios con nosotros), 7,14.

Son un llamamiento al Mesías recordando las ansias con que era esperado por todos los pueblos antes de su venida, y, también son, una manifestación del sentimiento con que todos los años, de nuevo, le espera la Iglesia en los días que preceden a la gran solemnidad del Nacimiento del Salvador.

Las ferias del 17 al 24 se ordenan más directamente a la preparación de la Navidad. En esa semana se cantan las famosas antífonas OH en Vísperas. Se llaman así porque todas comienzan con la aclamación Oh y un título bíblico para el Mesías prometido y por llegar. Se cantan antes del Magníficat y todas con la misma melodía gregoriana. Las letras iniciales forman como un acróstico de dos palabras latinas EROS CRAS que significa: ESTARÉ MAÑANA. Sería como una respuesta de Dios a los 7 llamados que le hace la Iglesia.

Esta familia de antífonas tiene una personalidad propia, que se mantuvieron vivas a lo largo de los siglos y que ayudaron a muchas generaciones a vivir con hondura el misterio de Navidad.

Con probabilidad se las atribuye a san Gregorio Magno. Los textos de la Biblia que los componen están combinados muy hábilmente: la primera parte expresa una admiración y la segunda parte una súplica con toda la intensidad del deseo de la venida del Salvador. El mayor interés de estas antífonas es que contienen, como dice dom Guéranger, “la médula de la liturgia del Adviento”.

 

Entremos con recogimiento en el espíritu de la Iglesia que en este momento hace escuchar a su Esposo sus últimas y tiernas súplicas, a las que Él termina por rendirse. (Dom Guéranger.)

Sigue los Antífonas

17 de diciembre: Oh Sapientia

Oh Sabiduría, que saliste de la boca del Altísimo, extendiéndote desde un confín hasta el otro, disponiendo todas las cosas con firmeza y suavidad...

18 de diciembre: Oh Adonaí

Oh Adonaí y Jefe de la Casa de Israel, que te apareciste a Moisés en el fuego de la zarza ardiente y le diste la Ley en el Sinaí, ven a redimirnos con tu brazo extendido.

19 de diciembre: Radix Iesse

Oh raíz de Jesé, que te mantienes firme como signo de los pueblos, ante quien cerrarán los reyes su boca, a quien invocarán las naciones: ven a librarnos...

20 de diciembre: Oh Clavis David

Oh llave de David y Cetro de la Casa de Israel, que abres y nadie puede cerrar; cierras y nadie puede abrir: Ven y saca ...

21 de diciembre: Oh Oriens

Oh oriente, esplendor de la luz eterna y sol de justicia: ven e ilumina a los que están sentados en tinieblas y sombra de muerte.

22 de diciembre: Oh Rex Gentium

Oh rey de los pueblos, deseado de las naciones, piedra angular, que haces de los dos un solo pueblos: ven y salva al hombre ...

23 de diciembre: Oh Emmanuel

Oh Emmanuel, Rey y Legislador nuestro, esperanza de las naciones y Salvador de los pueblos: Ven a salvarnos, Señor Dios nuestro

La Corona de Adviento

La corona de adviento es un símbolo de esperanza, pues la luz de Jesucristo triunfará sobre las tinieblas y la muerte, sirve para ayudar a las familias cristianas en la preparación de la Navidad. De hecho, se trata del primer anuncio sobre la Navidad. Representa la esperanza del pueblo de Israel en el Mesías prometido.

La forma circular. – El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio y sin fin, y también de nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar.

Las ramas verdes. – Verde es el color de esperanza y vida, y Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre.

Las cuatro velas. – Nos hace pensar en la obscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas la corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo.

Son cuatro velas las que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento al hacer la oración en familia.

Las manzanas rojas que adornan la corona representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva que trajeron el pecado al mundo, pero recibieron también la promesa del Salvador Universal.

El listón rojo representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve.

Bendición de la Corona de Adviento

Señor Dios, bendice con tu poder

nuestra corona de adviento para que, al encenderla, despierte en nosotros el deseo de esperar la venida de Cristo practicando las buenas obras, y para que así, cuando Él llegue, seamos admitidos al Reino de los Cielos.

Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

 

La bendición de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre esta Corona y sobre todos los que con ella queremos preparar la venida de Jesús.