Tiempo de Cuaresma

Si el Triduo Pascual y los sucesivos cincuenta días son el centro radiante del año litúrgico, la Cuaresma es el tiempo que prepara las mentes y los corazones del pueblo cristiano a la digna celebración de estos días. (Directorio homilético)

La palabra Cuaresma quiere decir cuarenta. Los cuarenta días de Cuaresma nos permiten revivir con Cristo en el desierto los cuarenta años del camino de los hebreos hacia la tierra prometida. A lo largo de estos años, el pueblo guiado por Moisés tuvo frecuentemente hambre y sed, a veces se desalentaba, pero sobre todo experimentó la constante ternura de Dios hacia él.

Esa misma experiencia de intimidad con Dios desea revivir la comunidad de los creyentes en su camino hacia la Pascua, para encontrar allí la alegría de un corazón purificado en la comunión con Cristo muerto y resucitado por ellos.

Prácticas cuaresmales

El pueblo de Dios emprende un esfuerzo exigente pero liberador que debe abrirlo al llamado del Señor, así como a la comunidad de los hombres. Privándose de los alimentos terrestres aprenderá a gustar más el pan de la Palabra y de la Eucaristía, además de comprender mejor las exigencias del compartir. 

La penitencia cuaresmal está orientada hacia Dios, a quien honra, y a nuestros hermanos, a quienes reconforta. En ella expresa con un vigor excepcional la humilde sumisión del discípulo de Jesús al doble mandamiento del amor.

A todos aquellos que hayan escuchado la voz del Señor, la Iglesia les promete que, en la luz de la Noche santa, serán “colmados de la gracia que Dios reserva a sus hijos” (Pr 1).                                           

   Cfr. Charles Journet.
Missel du Dimanch

 

Los Domingos de Cuaresma

Los cincos domingos de Cuaresma, con los tres ciclos de lecturas, contienen un programa catequético que en parte tuvo su origen en la Iglesia Primitiva, y que expone a los fieles un conjunto de temas de la mayor importancia, de modo que cada año revisen su fe y las exigencias morales que conlleva, en orden a la renovación del compromiso bautismal en la Pascua.

Las lecturas del Antiguo Testamento. – Las primeras lecturas forman un recorrido por la historia de la salvación: Orígenes, Abrahán, Éxodo, tierra prometida y profetas. Cada domingo se lee un pasaje correspondiente a uno de los momentos mencionados, cuidando de que en cada ciclo la etapa de los “orígenes” comience a continuación del otro: pecado de los primeros padres (A), Pacto con Noé (B) y el llamado “credo israelita” (C).

Las lecturas apostólicas. – Son breves pasajes que formulan el misterio pascual y la participación de los creyentes en él por medio dela Iniciación Cristiana, y han sido distribuidos en los tres ciclos de lecturas de modo que tengan conexión con alguna lectura del Antiguo Testamento o del Evangelio.

 

Las lecturas del Evangelio. – Forman, como las otras, tres ciclos autónomos que siguen un desarrollo común durante los dos primeros domingos en que se leen las narraciones de la Tentación y de la Transfiguración del Señor conforme a los tres Sinópticos: Mateo (A), Marcos (B), y Lucas (C). En los tres domingos siguientes, en el ciclo A se proclaman los pasajes “de la samaritana”, “del ciego de nacimiento” y “de la resurrección de Lázaro”, todos ellos del evangelio de San Juan, los cuales, siendo de gran importancia para comprender la Iniciación Cristiana. En el ciclo B se contienen pasajes de San Juan donde se profetiza e interpreta la Pasión y la Glorificación de Jesús (La señal del templo, la serpiente de bronce, el grano enterrado), mientras que en el ciclo C se proponen textos que tratan de la conversión y del perdón de los pecados (parábolas dela higuera estéril, y del hijo pródigo, la mujer adúltera).